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Entrevista al director de la duodécima Bienal de La Habana

El evento más trascendente de las artes visuales en el país, la Bienal de La Habana, está a las puertas de su próxima edición a celebrarse del 22 de mayo al 22 de junio de 2015, en nuestra capital. El equipo curatorial trabaja actualmente en la selección de artistas y espacios en los que se insertarán las obras. Aunque desde hace varios meses circula por la red la propuesta curatorial  de esta nueva cita su director, Jorge Fernández,  nos comenta algunos detalles.

 

Bárbara Avello (B.A.): ¿De dónde surge el concepto “Entre la idea y la experiencia”?

Jorge Fernández (J.F): Entiendo que los procesos de la creación artística son como una continuidad histórica, donde los saberes surgen en cada etapa y generan una incidencia directa en ella. El modo de presentación de una obra puede cambiar, pero la motivación, la investigación y las influencias culturales son las síntesis de un pensamiento que se ha ido sedimentando por muchos años.

Por esta razón en el concepto de esta Bienal permanece la aseveración que hiciera Goethe a Shopenhauer en una de las cartas que intercambiaron: Idea y experiencia no se encontrarán jamás en el medio, sólo mediante el arte y la acción puede reunírselas. De ahí el título de Entre la idea y la Experiencia. En un momento en que están emergiendo  nuevos sujetos y donde asistimos a una crisis de las formas  clásicas de  concebir y estructurar nuestra noción de lo social, este abismo nos sigue acompañando. Ante las incertidumbres que nos abren las ciencias  sociales en su conjunto, el arte se erige como  un lugar expandido para el conocimiento. Si uno  analiza también un libro tan importante como La sociedad sin relato de Néstor García Canclini, puede entender el por qué del desplazamiento del objeto artístico al contexto y como se presenta hoy lo transdisciplinario en la producción simbólica.  Esta idea es la que él define  pos-autonomía del arte.

Asistimos a una modificación sustancial de  nuestros propios sistemas perceptivos a partir de  contaminación de los actos creativos con la trama urbana, el diseño y una renovación tecnológica, que aunque parezca que en las condiciones de Cuba es una realidad  distante, está teniendo un gran impacto en las nuevas generaciones y  en la producción de lo más jóvenes artistas, incluso, de muchos modos, a nivel de toda la sociedad.

Las enseñanzas de lo más radical de las Vanguardias del Siglo XX  nos hicieron saber  que sigue siendo un ejercicio estéril querer definir el arte. Quizás lo que nos toque ahora es lo, sentirlo desde la dificultad que implica el hecho de emitir juicios de valor.

Para nosotros el concepto de creación no está sujeto a una disciplina, ni a una manifestación. Hay que incorporar todo lo que viene de las ciencias, la antropología, la sociología, la filosofía, la comunicación, del pensamiento en redes,  y de las propias expresiones de la creación artística. 

Una situación como esta nos lleva a pensar en cómo se dan las micro-políticas, cómo desarrollar micro-espacios y cómo lograr que la gran mayoría de las obras de la Bienal exploren, indaguen y se inserten directamente en el contexto.

B.A: Algunos ven esta nueva propuesta como una prolongación de la 11na Bienal de La Habana. ¿Pudiéramos analizarla desde la continuidad y la ruptura?  ¿Qué propone esta nueva edición la Bienal de La Habana?

J.F. Cada Bienal genera una continuidad, retoma obras, prácticas que han sido abordadas en ediciones anteriores y que pueden ser llevadas a una mayor escala de forma integradora.

Esta Bienal, aunque todavía se encuentra en proceso de selección de sus artistas, por lo que hemos analizado, incorporará grupos de creadores  que generen plataformas  de discusión, de mapeo, de estudio de los territorios; a su vez esta cita propone una colaboración entre especialistas de diferentes disciplinas.

La edición 12 de la Bienal retomará  las vivencias de las personas que habitan la ciudad, incorporará otras expresiones del arte como la música, el teatro, el cine, la arquitectura y sumará diferentes ramas del saber que participarán no  como un coro acompañante, sino que tendrán el mismo protagonismo que los creadores  de las Artes Visuales. El reto está en articular todo esto. Pensadores como Edgar Morin o Basarab Nicolescu han abogado por romper las barreras epistemológicas y lograr esos cruces necesarios, que abren otras dimensiones al intelecto humano.

Sin embargo, es bueno destacar nuevamente que la Bienal de la Habana no será  el escenario para hacer superproducciones artísticas. Uno de sus mayores encantos estará en ofrecer la diversidad de esta ciudad y la fuerza de su gente.

Otro aspecto que consideramos muy importante es colocar una semilla en lo que llamaríamos la relación Arte y Educación, una experiencia que ha sido fundamental en el  trabajo de artistas de la estatura de Luis Camnitzer o Pablo Herguera. En definitiva, La Bienal aspira a ser un punto de observación sobre las transformaciones sociales que están ocurriendo en el país.

B.A: ¿Como en otras ocasiones la 12 edición de la Bienal tendrá un núcleo central o centro expositivo principal?

J.F: No. Esta Bienal no tendrá un núcleo central ni estructuras micro-temáticas derivadas de este. Algunas de las ideas que hemos discutido es que las obras convivan dentro de lo que nos hemos propuesto como planteamiento general del evento.

No haremos una mega-exposición. En algunos lugares las piezas se integrarán a las características de estos y en otros los proyectos surgirán de forma aislada. Nuestro interés no es establecer un recorrido lineal y metodológico por las obras, sino más bien lograr que el arte haga suyo al espacio.

De modo que van a existir muchas piezas inmateriales  y eso, también sabemos, pudiera generar tensiones en torno  a la visibilidad que habitualmente tiene un evento como este. Sin embargo, es un recurso que queremos usar por esta vez. Correremos el riesgo. La Bienal debe aspirar a subir un escalón más arriba, aunque tal vez después se vea obligada a retroceder.

B.A: ¿A partir del concepto de transdisciplinariedad que fundamenta esta Bienal, cómo se está gestionando la articulación entre los creadores y los distintos saberes?

J.F Con los primeros que nos reunimos fue con los arquitectos para conocer de forma más cercana los estudios que se están realizando sobre la ciudad y que implican también su desarrollo y crecimiento. Junto a ellos hemos trabajado con prestigiosos creadores cubanos de diferentes manifestaciones artísticas, cuyas obras están moviendo constantemente las fronteras del arte. Continuamos los contactos con científicos de la universidad de La Habana y de otros centros de investigación, cuyos resultados generan experiencias muy enriquecedoras y sobre lo que tenemos grandes expectativas.

B.A: ¿Si la Bienal no tendrá un núcleo central, entonces cómo se comportará su concepto espacial?

J.F: Como expresa  el proyecto curatorial de la duodécima Bienal, venimos  evaluando los espacios, y las obras que nos interesa insertar en cada uno de ellos. Aunque aun no es decisión definitiva, hemos pensado en Casablanca, el Parque Trillo, los barrios San Isidro, Salto Ángel, Colon; espacios del Vedado como la zona del Parque Villalón y  es imprescindible trabajar con las escuelas de arte, el Instituto Superior de Arte (ISA), la Escuela Nacional de Arte (ENA) y  la Academia San Alejandro.

B.A: Cuando en pocos meses estaremos inaugurando la Bienal, ¿hoy en qué fase se encuentra su preparación?

J.F. Nuestro proceso actual tiene la siguiente ruta: El equipo curatorial avanza en la selección de los artistas de las áreas geográficas que investiga la Bienal: Asia, África, Medio Oriente, el Caribe, Centroamérica y América Latina. También se han evaluado artistas que pertenecen a otras regiones y estamos ahora en la confirmación de los proyectos  que quieren presentar cada uno de los creadores invitados y comenzamos a valorar la nómina de artistas cubanos. Es una etapa de trabajo muy compleja,  que implica una selección de piezas -que como expresé antes- no son objetos clásicos que forman parte de una gran exposición, sino que son trabajos en procesos y donde intervienen muchas personas. Este es un momento tenso, difícil, pero tengo plena confianza en el trabajo del tradicional equipo curatorial de la Bienal y en la incorporación de los jóvenes investigadores del centro Wifredo Lam así como otros de instituciones afines que están participando en la curaduría.

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