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Entre la idea y la experiencia

En medio de las celebraciones por el  30  aniversario de la Bienal de La Habana, damos a conocer la propuesta curatorial de su Duodécima edición que tendrá lugar entre el 22 de mayo y el 22 de junio del 2015.

Un recorrido por la historia de las diferentes Bienales de La Habana permite percibir  cómo cada una de ellas deja abierta interrogantes y modos de hacer, retomados  de ediciones precedentes. En esta ocasión el equipo curatorial pretende redimensionar estrategias de trabajo atomizadas en encuentros anteriores para explorar caminos diferentes a los de la mega exposición, aunque estos resulten ejercicios ocasionales. Este giro se inscribe en lo que ha sido uno de los recursos más preciados de la cita habanera: sentir la ciudad y su gente, lo que equivale a involucrar a sus comunidades poblacionales y profesionales, sus micro-políticas y micro-espacios de socialización.

De acuerdo con esta zona de debate sobre el arte actual, que apuesta por el desplazamiento del objeto autónomo a los contextos y experiencias, la Bienal pretende implicar a la arquitectura, al diseño, a los fenómenos de la comunicación,  las ciencias y las formas en que se construye el hábitat, en aras de favorecer la inserción social de las propuestas, algo que históricamente ha formado parte de las prácticas estéticas del llamado Sur.

 El arte  ha trascendido las limitaciones  epistemológicas  inherentes a otras disciplinas, su condición simbólica le permite determinadas licencias a la hora de imbricar saberes. Por eso, más que nombrar las prácticas, nos interesa  acompañar procesos de creación transdisciplinarios y de intermediación que impliquen colaboraciones tanto investigativas como de carácter pedagógico. Sigue siendo un hoy  un ejercicio  estéril  instaurar conceptos preconcebidos de lo que entendemos por arte. La percepción colectiva se transforma en los desafíos y las incertidumbres que genera la experiencia;   donde se abren  nuevos horizontes culturales  y se crean otras maneras de sociabilidad  y de interconexión. Los proyectos que se realicen en La Habana deberán incidir en sus moradores bien sea porque estos  participen en su concepción y realización o porque las obras se presenten  como laboratorio social  vivo. Deseamos que las diversas escalas  del tejido urbano: las universidades, los centros de investigación y todo aquello que haga posible la integración, puedan utilizarse como emplazamiento y material de trabajo.

 Al tomar como referencia  esta proyección estamos interesados en propiciar las intersecciones entre diferentes  expresiones  artísticas como la danza, el teatro, la música, el cine y  la literatura, a partir de la riqueza semántica que aporta la hibridez en aquello que entendemos como visualidad. La idea esencial es que estos cruces no sean un simple telón de fondo sino que adquieran una presencia protagónica. De ahí nuestro interés en extender una invitación para la confluencia de artistas y especialistas de otras disciplinas.

La Duodécima  Bienal de La Habana no tendrá un núcleo central de exhibición. Aspira a instalarse en aquellos intersticios   de la ciudad que faciliten el trabajo sobre los presupuestos antes referidos. Estas ideas ampliaran las disímiles  miradas sobre el papel y las funciones  de la curaduría en los escenarios actuales, sobre lo pertinente o no de un tema que presida las dinámicas de la obra misma y el entorno en que esta se produce o sobre la intervención que genera cada  proceso creativo según el lugar y la situación para que fueron pensados. Es importante profundizar en la Bienal del presente para luego comprender cuáles podrían ser los desafíos del futuro.

                               Equipo curatorial  Duodécima Bienal de la Habana.      

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